Al escuchar la palabra gastronomía de inmediato se crea en la mente la imagen de un chef preparando un plato en una cocina de gran tamaño, se asocia a los alimentos, recetas deliciosas, colores y diversos sabores que parecen ser de otro mundo. Sí, la gastronomía es así: no conoce límites en la creatividad.

Esta profesión integra aspectos culturales de la sociedad y la relación de los individuos con los recursos que les brinda la tierra para su consumo. Cada plato es el resultado de una investigación que incluye varios aspectos como la cultura, costumbres, influencias, así como conocimientos en nutrición, métodos de cocción, un poco de física, química y, ¿por qué no? De historia.

Además del conocimiento, estos profesionales necesitan ser creativos, innovadores, curiosos, persistentes y sentir un gran amor por cada plato que preparan, para que así puedan no solo competir en el marco global por sus exclusivos ingredientes y sabor fresco, sino asombrar a los mismos colombianos. 

Gracias a su combinación de conocimientos y habilidades la gastronomía se ha convertido en uno de los pilares del turismo. “El 64 % de los viajeros buscan probar más comida local y el 25 % evitan ir a destinos que no tengan una fuerte presencia gastronómica, según una investigación de Booking con casi 19.000 viajeros en todo el mundo, pues la cantidad de viajeros que planearon sus viajes pensando en su gastronomía, pasó de 29 % en el año 2017, a 41 % en el 2018” (El Espectador, 2018).

Colombia es un destino diverso, su gastronomía es variada y representativa. El país goza de fama por su excelente gastronomía criolla, forjada por la influencia española, mestiza y africana, por ello, se hace necesario contar con profesionales que potencien los productos colombianos y creen un menú amplio que cautive a los turistas.

Los profesionales en Gastronomía enfrentan un gran reto, es por esto que requieren conocimientos más allá de la cocina e integrar diversas áreas para lograr un plato diferenciador. Requiere la interacción con otras culturas, salir de las cuatro paredes para conocer al comensal e invitarlo a probar un plato diferente.